Por Amilcar moretti
“O’Horten” se podrá ver de nuevo mañana en un buen horario, un horario hospitalario, digo, algo así como con cierta bonhomía para cierto público maduro que puede congeniar con esta obra noruega, un cine poco habitual por aquí, calmo, sereno, con toques de silenciosa ironía y humor y una mirada crítica que no es del todo escéptica. Va un rato antes de las 17: “El extraño señor Horten”, como se vio fugaz en la CABA a comienzos del 2011 en el Teatro General San Martín y y justo un año después también de modo imperceptible. Tiene varias cualidades que suscitan curiosidad.
Primero que todo, las calles del centro de Oslo, capital de Noruega, donde parece que casi siempre nieva y es de noche. La sociedad que presenta el filme parece ser, al menos aquí, de maduros en declinación arrinconados por la soledad, con buen pasar económico. Tal vez, eso del envejecimiento poblacional europeo por obra y gracia del Estado de Bienestar (servicios sociales profusos y de fácil acceso). Horten o O’Horten es un maquinista de tren supermoderno que un buen día debe jubilarse, sin saber muy bien en qué va a ocupar su tiempo. Es un solitario, quizás ha tenido una mujer o amor de mujer, quizás solo le gusta calzarse tacos altos de vez en cuando (la escena en que lo hace tiene un distanciamiento que ayuda a tenerla en cuenta, a lo que debe agregarse el añadido de otro personaje peculiar que el protagonista con pipa y tacos altos encuentra tendido en la vereda sin poder incorporarse).
“O’Horten” no explica demasiado, o no dice nada- Describe, muestra. Las escenas en la tabaquería, en la casa del falso diplomático retirado y la breve situación en la torre de esquí tienen casi todo como para no olvidarlas. Me detengo apenas en la última escena mencionada: es de noche, la torre está desierta, O’Hara no ha esquiado nunca pero siempre quiso hacerlo, sube al centro, hay una muchacha a punto de lanzarse a la pista, lo mira a O’Hara y sonríe y acto seguido se deja llevar por el deslizamiento, desaparece en la oscuridad. ¿Quién era? No se sabe. Pero es linda, jovencita y se arroja al vacío en esquís en lo que parece un deleite o un suicidio. A la madrugada, en la oscuridad, con las luces de Oslo al fondo. O´Hara hará lo mismo. Después, en una estación de pueblo lo espera su hermana.
Mañana jueves, I-Sat a las 16.55.
Antes del estado de Israel
“Edén”, el viernes, una película curiosa. Se basa en un libro (novela) de Arthur Miller, el gran dramaturgo norteamericano, judío, como se sabe. Sucede en Palestina entre 1940 y 1946, durante la Segunda Guerra Mundial (Hitler, ¿eh?) y antes de la creación del estado de Israel, cuando muchos bien intencionados sionistas, entre ellos numerosos comunistas, pensaban en una convivencia pacífica entre judíos y musulmanes o judíos y árabes. La película es del 2001 y cuenta a la inglesa Samantha Morton en el protagónico. La dirige Amos Guitai, uno de los nombres prestigiosos del cine de Israel.
“Edén” habla de lo que fue, de las intenciones que hubo entre muchos de los primeros sionistas para encontrar una tierra propia aunque compartida, y lo que de a poco comienza a mostrarse como una ilusión que requiere esfuerzos, dramas, tragedias y cambia también como lo hace “un” resto del mundo que parece ir camino a lo peor, al menos en esa zona del planeta. El marido de ella termina por enrolarse en las brigadas antinazis y su cuñado sueña con ser capitalista, mientras que la mujer, un poco por descarte y otro poco por necesidad que puede llevar el nombre de amor, si se quiere, se acompaña con un veterano librero que quiere pasar sus últimas días en Palestina, sin ruidos.
Viernes, Europa a las 18.15
Ser afgano prisionero de norteamericanos
“Essential Killing” es una película especial, dirigida por el polaco Jerzy Skolimowski, formado en la célebre Escuela de Lodz en la que también, entre muchos valiosos, estudió Polanski. Skolimowski, autor de la célebre “Barrera” a mediados de los años sesenta de la Polonia comunista, no dejó nunca de hacer cine, aunque sus películas dejaran de llegar aquí. En este caso filma con el actor norteamericano Vincent Gallo, un outsider, y con la esposa de Polanski, Emmanuelle Seigner. Gallo compone a un afgano prisionero de las fuerzas invasoras norteamericanas, quien es trasladado en clandestino rumbo a una sombría cárcel del este de Europa.
En la nieve, el prisionero logra escapar y su lucha es por la supervivencia: huir de perseguidores, escapar de animales feroces, tolerar el helamiento. Una especie de travesía muda, silenciosa, de prueba del humano de sí mismo contra la naturaleza, que merece ser vista (no hay palabras en la película). Y esto es un golpe de fuerza tanto para Vincent Gallo como para el relato de Skolimowski.
Domingo, I-Sat a las 22.30.
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